Los cementerios están llenos de emprendedores con grandes ideas

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emprendedora frustrada

Con la llegada de la crisis, la subida del paro fue imparable, llegando a estar en un 25% recientemente. Desde el gobierno han hecho numerosas iniciativas para que esta situación se revirtiera. Una de las medidas estrellas fue la rebaja de la cuota de autónomos. Una especie de salvavidas a la que miles de jóvenes y no tan jóvenes debían lanzarse en busca del empleo estable que se les había negado. emprendedor

Lo cierto es que desde hace años se vende la idea que has de ser emprendedor. Pero, ¿qué significa realmente ser un emprendedor? En pocas palabras, es sinónimo de puteado. Desde las instituciones te venden que, si estás desempleado, si no tienes oportunidades, si tienes una idea…has de lanzarte a por ella. Con poco dinero o casi nada de inversión podrás montar una gran empresa partiendo de cero. Los medios de comunicación, siempre cómplices en este tipo de iniciativas, te venden la inmensa fortuna que han llegado a amasar unos veinteañeros que trabajaban desde su casa. Suena bien, ¿no? Entonces es cuando te pones a pensar que podrías hacer tú. A priori, todo son facilidades. Trabajarás desde casa, pagarás poco de autónomos y por encima no necesitas mucha inversión. Genial, cuando te das cuenta te lanzas al apasionante mundo del emprendimiento…

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La realidad de los emprendedores

Cuando te has metido en este «fregado» y llevas unas pocos días la ilusión te desborda por todos lados. Te ves en el futuro dirigiendo tu exitosa empresa y tu cabeza no para de soñar. Las semanas comienza  a pasar poco a poco y te repente un día te sientas en tu bonito despacho, enfrente de tu Mac, como no podía ser de otra forma, vas a ser un empresario de éxito,  y te paras a pensar…

Es en este momento cuando los sueños comienzan a desvanecerse y te das cuenta de la dura realidad. Has pedido una serie de subvenciones para emprendedores, las cuales, parecían muy atractivas. Sin embargo, te has dado de bruces con la burocracia española, donde para pedir la hora te hacen rellenar diez hojas y tardan tres meses en responderte. Después de mucho esfuerzo aún no sabes nada de ese dinero que te prometió  la administración y cuyos requisitos te has esforzado al máximo. Por otro lado, las cosas no van como tu querrías. Has hecho un plan de negocio milimétrico, digno de cualquier gran empresa de consultoría. Te has dejado aconsejar por gente buena, experta en la materia, pero algo no va bien. Sientes que toda  tu hoja de ruta tiene fallos. Tu cabeza comienza darse cuenta de que te has equivocado en algo, tratas de cambiar las cosas para ver cómo puedes reactivar la situación…y sigues adelante.

Las semanas siguen pasando y ves que los clientes no llegan. ¿Cómo puede ser posible si he gastado mucho dinero en anuncios en internet? Hoy en día todo se busca en Google, te gritas a ti mismo en busca de respuestas. Si amig@, pero las cosas no son tan sencillas. Salir a vender tu producto o servicio es duro, muy duro..claro qué, eso nadie te lo dijo cuando te dijeron que serías un emprendedor de éxito. Tan sólo te mostraron las cosas buenas.

El tiempo sigue transcurriendo y ves que las cosas no van bien. El dinero de la administración ha llegado, aunque tarde. Te esfuerzas todo lo que puedes y más. Tratas de vender tus productos o ideas allá donde crees que es mejor. Portazos, es lo que recibes. Cada portazo va haciendo mella en tu ánimo. Uno tras otros las heridas provocadas por los «no, tenemos tiempo», «no nos interesa», «ya tenemos de eso» tardan más en cicatrizar. Tus fuerzas comienzan a agotarse, tu ánimo ya lo está.

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Los contactos son la clave de muchos negocios

Es en este  punto cuando pones los pies en la tierra y piensas…¿en qué me he equivocado? Lo más probable es que si has hecho las cosas mínimamente bien, no hayas cometido muchos errores. Si has hecho un plan de negocio o te has dejado asesorar y ves que todo lo que tenías previsto no funciona, tranquil@, el problema no es tuyo, es del sistema. Si, se nos ha vendido la idea de que cualquiera puede empezar una empresa de cero, partiendo de nada y sin nada. Bien, esta idea es falsa. Ser un emprendedor es la forma «snob» que se tiene de llamar ahora a los autónomos de toda la vida. Montar cualquier negocio, por sencillo que sea, es algo tremendamente complicado. Si no tienes contactos, entonces no es que partas de cero, partes de menos cinco. Si tienes poco capital o si por el contrario te falta la experiencia propia del sector, también son handicaps difíciles de resolver.

Ser un emprendedor es la forma «snob» que se tiene de llamar ahora a los autónomos de toda la vida.

Pero ahí sigues tu, tratando de levantar cada día y luchar para sacar adelante tu idea. Sabes que es buena, que tienes poca competencia y que por encima eres una persona muy capaz. Pero algo no va bien. Los clientes no llegan. Por más que te esfuerzas no ves los resultados. Tu estado de ánimo comienza a notar los efectos de tanto esfuerzo. Te preguntas en que has fallado, tratas de darle vueltas a las cosas para ver cómo debías haber hecho. Cuáles son los aspectos que se te han escapado  y que no has previsto bien. Es así como un día dices que no puedes más. Decides mirar atrás y ver todas ganas y la ilusión que le has puesto. Todo el dinero y empeño que tenías está puesta en esa idea del emprendedor, de tener un negocio, de no depender de un jefe cabrón que no te valora y te paga cuatro duros… Tratas de no mirar atrás para no hundirte más y lamentarte de haberte metido en esa historia. Miras a tu alrededor y ves como la gente que también ha emprendido, las personas de las oficinas de al lado están a tope de trabajo, como a todos les va bien. En cambio,  tu, por más que te hayas esforzado, no has logrado nada.

Es así, de esta forma, como un día, sales de tu despacho y cierras la puerta, para no volver a abrirla más. Con tu precioso Mac bajo el brazo bajas las escalares de tu oficina, la cual no has llegado a ganar dinero ni para pagarla, sales por la puerta y te vas a casa. Cuando llegas, tienes una carta de la administración, en donde te reclaman aquel dinero que te habían dado para tu negocio. Te dicen que no has cumplido con las bases de la subvención y que has de devolver el dinero. Qué paradoja, cierras tu negocio y por encima te reclaman las ayudas. Los que una vez te dijeron que debías ser un emprendedor, que te harías rico en poco tiempo y sin esfuerzo, ahora son los que te dan la puntilla.

Así es cómo podría ser la historia de miles de emprendedores que se lanzan a «fabricarse» su propio trabajo. La mayoría son jóvenes muy preparados sin salidas laborales que se niegan a trabajar de camareros por un sueldo de miseria y el salario mínimo. Esta podría ser el reflejo de cualquier persona que con toda la ilusión del mundo decidió ser un emprendedor. La realidad es que muchos son los llamados y pocos los elegidos. Los cementerios están llenos de emprendedores con buenas ideas.

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